SIN LLANTOS, PRISAS Y DESPEDIDAS FURTIVAS

Queda un mes para que empiece el período escolar y será la primera vez para muchos/as peques que se separen de su figura de apego principal durante bastante tiempo y que vinculen con otros espacios y personas más allá del entorno más familiar.
Yo os quiero hablar de la mirada de las escuelas libres respecto a este proceso que se considera muy importante y que en otras escuelas a penas se reflexiona. Evidentemente, yo os hablaré de mi experiencia, aunque seguro que hay otros proyectos y formas de hacer ya que cada escuela encuentra su fórmula para este proceso, incluso un mismo proyecto a veces cambia su forma de hacer cada año en función de las necesidades y condiciones específicas de ese año.
De hecho a muchas escuelas ni siquiera les gusta el concepto de adaptación ya que hace referencia a un proceso unilateral del niño o niña que tiene que cambiar y aprender los patrones del entorno para encajar en el sistema que poco o nada sabe de las necesidades de ese niño o niña. Últimamente, se utiliza el término periodo de vinculación, intentando focalizar en la importancia de ese tiempo inicial para generar el apego seguro con una nueva figura adulta, con el entorno y los otros niños y niñas que allí vayan a compartir su tiempo.
Cuando pensamos en el período de adaptación tradicional nos viene a la mente niños y niñas llorando, agarrándose a sus madres o padres que intentar irse rápido, sin despedirse ni mirar atrás cuando el niño o niña no mira y que posiblemente les viene una gran sensación de culpa en el proceso.
el término periodo de vinculación, intentando focalizar en la importancia de ese tiempo inicial para generar el apego seguro con una nueva figura adulta, con el entorno y los otros niños y niñas que allí vayan a compartir su tiempo.
Sin embargo, ¿existe la posibilidad de que este proceso pueda ser diferente? En las escuelas libres, por lo menos, los proyectos con lo que he tenido experiencia y los que he conocido, este tiempo es muy diferente, no se deja niños o niñas llorando, no te arrancan al niño o niña de las manos y no te vas sin despedirte. Para que esto pueda darse se necesita de mucha voluntad adulta por darle al niño o niña el tiempo necesario para que vincule con el espacio y las personas que lo habitan. Eso significa que alguna figura de apego permanece con el niño o niña en el espacio educativo el tiempo que sea necesario hasta que el niño o niña está preparado/a para que esa figura se vaya.
sin caer en la “justicia” clásica de a todos por igual, sino más bien a cada cual según lo necesite.
Esto que supone dificultades tanto para las familias que si no tienen a uno de sus miembros libre de trabajo, tienen que pedir vacaciones o entran en juego abuelos o abuelas que puedan estar en ese proceso el tiempo que sea necesario. ¿Y cuánto tiempo es ese? Pues depende mucho de cada niño y niña, de su edad, de su personalidad y sus experiencias pasadas, de su facilidad para vincular… Pueden no necesitar a penas horas, como necesitar semanas o un mes. Por eso, las familias que entran en este tipo de proyectos tienen que tener claro que si el niño no quiere quedarse en el espacio, la familia tiene que responder, porque son espacios donde no se fuerza la asistencia sino que están en el espacio porque quieren los niños y niñas y no porque el adulto lo decide.
Como se hace la adaptación dependerá del espacio, acompañantes y número de niños y niñas con necesidad de acompañamiento de las familias. A veces se habilita un espacio en el exterior o en alguna sala donde las familias pueden quedarse y es el niño o la niña cuando necesita de ellos/as se acerca a ese lugar. De este modo se evita que se interrumpa la dinámica del grupo y que las personas adultas no se vuelvan el centro de las interacciones. Algunos proyectos incluyen este espacio durante todo el tiempo de curso, la familia siempre es bienvenida a quedarse, en otros quizás solo un tiempo de la jornada es de compartir y un tiempo de solo niños, en otros proyectos las familias vienen una vez a la semana de apoyo al equipo de acompañantes, en otros a hacer talleres o en otros vienen para observar y aprender, buscando coherencia entre crianza y espacio educativo. Sea como sea, las familias que se quedan presentes en el espacio siguen también unas pautas de acompañamiento en coherencia con el tipo de proyecto educativo como puede ser no elevar el tono de voz, estar a la altura de los niños y niñas al hablarles, no juzgar, dar ideas, corregir, conducir el juego a los niños y niñas, permitir que sean autónomos sin ayudar de más, no conversar entre adultos o con móviles…
Evidentemente, habrán familias que podrán estar más presentes que otras, pero no se utiliza la premisa de que como no pueden las familias de todos mejor la de ninguno. También se atienden las individualidades, sin caer en los miedos de si permites una madre para un niño todos querrán a su madre, se entiende que cada niño tiene su necesidad propia y se intentan dar respuestas adaptadas a cada situación, sin caer en la “justicia” clásica de a todos por igual, sino más bien a cada cual según lo necesite.
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